Hasta que un día viene un demonio mal llevado de 8 años y, en medio de una multitud, se me planta delante y me dice torturame todo para que lo apretuje y lo besuquee en su mejilla y me puede. Otro aparece un bodoquito mimoso de 3 pirulos con su silla diminuta y un libro de animales, se sienta al lado mío al son de un ¿me lees? y se me olvida el mundo. Después me encuentro con una cosita de unos 19 meses a punto de caerse de la falda materna de tanto estirarme los brazos para que le haga upa. Y ni hablar de cuando se me para ese huracán de cuatro años que vive conmigo y me dice, ¿ME PERDONAS? riendose porque sabe que se equivocó y lo arregla con un abrazo o beso grande en mi mejilla, y que me vive dando las gracias por sacarla todo el tiempo a pasear, que se va a acostar conmigo porque sabe que si no duerme después no la saco a pasear, o le prohiben los dibujitos animados.
Podría hacerme la superada pero la verdad es que me derriten,
me derriten los chiquitos.
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Abrieron su bocota.